Problemática
A partir del año 1980, el trabajo sexual comercial comenzaría un gran auge y desarrollo, haciendo que éste sea visto como una opción fiable de trabajo para gran cantidad de individuos (Reaño, 2010). Con la llegada de la globalización, el trabajo sexual se volvería un fenómeno transnacional en donde las variables sociales, económicas y de género jugarían un importante rol (Reaño, 2010).
Un tipo de trabajo sexual dentro de dicha industria es la prostitución (diferente de
proxenetismo: obtener beneficios económicos a partir de la explotación sexual a
una persona), es decir, “la actividad a la que se dedica quien mantiene relaciones
sexuales con otras por dinero” (RAE). Según la OIM (2008), una gran cantidad de
mujeres accederían a dicha industria para lograr mejoras laborales y
mayores ingresos. En consecuencia, hoy, en Latinoamérica se encontrará una
gran aceptación de la prostitución y del trabajo sexual por parte de distintos grupos sociales (Reaño, 2010).
De esta manera, la prostitución debe ser comprendida como un complejo fenómeno social (Reaño, 2010). Según Jáuregui (2000), ésta será producto de “[...] subordinación y discriminación de las mujeres en sociedades patriarcales que la convierten en un simple objeto sexual [...]”. En consecuencia, dentro de la prostitución se encontrarán tres tipos: la prostitución libre, organizada y oficializada (Jáuregui, 2000). Sin embargo, es importante recalcar que solo la prostitución organizada, la cual se encuentra en contextos privados, se encontrará protegida bajo reglas y normas de autoridades policiales y administrativas.

